No sobra gente, se hacen más cosas

Últimamente no hay conversación de pasillo, evento o hilo de LinkedIn que no toque el mismo tema: la IA va a dejar gente fuera. Los agentes van a automatizar procesos enteros, el consultor junior no tendrá sitio, el que no se suba ahora se queda atrás. El que no tenga tres agentes ejecutandose en su sistema, y que automaticen el ganar miles de euros al segundo, es un pringao.

Aquí el Agente IA que te soluciona los problemas de facturación y costes. El que no se lo lleve está perdiendo negocio

Es el discurso dominante del momento, y como todo discurso dominante, tiene una parte de verdad y una parte de pánico bien vendido.

Yo lo veo distinto, y no por optimismo gratuito, sino porque ya lo he visto antes.

La burbuja que no fue una mentira

A finales de los noventa el mensaje era parecido: todo lo que sonara a web o portal iba a traer dinero y futuro. Y en el fondo no se equivocaban del todo, ahí estaba Amazon, ahí estaba eBay, ahí estaba Google. El problema no fue que el potencial fuera falso, fue que el capital corrió más rápido que el criterio. Se financió cualquier cosa con un «.com» detrás sin preguntar qué problema resolvía, y cuando la burbuja explotó, lo que quedó fue precisamente lo que tenía un negocio real debajo.

¡Menudo rally!
Easy comes, easy goes

A la IA le falta algo parecido: una crisis que separe grano de paja. Basta con pasar cinco minutos en LinkedIn para ver la distancia entre lo que se promete y lo que se entrega. Cada semana hay un vídeo, un post o una demo que presenta la próxima funcionalidad como el asistente que lo cambia todo, y luego, en el día a día del trabajo, esa misma funcionalidad sigue siendo, en buena parte, hoja de ruta más que producto. Eso no significa que no vaya a llegar. Significa que entre el anuncio y la entrega hay una distancia que conviene medir con la misma vara con la que se miden los .com en 1999.

Lo que sí cambió las otras veces

Aquí es donde la historia ayuda, porque no es la primera vez que una tecnología viene con la etiqueta de «esto hará que sobre gente«.

Yo empecé a trabajar cuando en internet había poca información (soy viejo), y buscar algo significaba conocer las fuentes correctas, no escribir cuatro palabras en un buscador (y la help de SAP era un insulto). Llegó Google, mejoramos muchísimo en eficiencia, y no sobró gente, se hicieron más cosas.

En los 80-90 llegaron el procesador de texto y Excel, y las empresas dejaron de necesitar a alguien dedicado solo a mecanografiar o a sumar columnas a mano. No sobró gente, se hicieron más cosas, y más complejas.

Después del Covid y el confinamiento llegaron las reuniones online, y dejamos de perder tiempo en desplazamientos para una hora de conversación presencial. Aprovechamos cada minuto de una forma que antes era impensable. No sobró gente, se hicieron más cosas.

El patrón se repitió con la revolución industrial si se mira con perspectiva suficiente: la maquinaria no vació las fábricas de personas, cambió lo que esas personas hacían dentro de ellas.

Dónde el paralelismo empieza a cojear

Dicho esto, me parece deshonesto cerrar el argumento ahí, como si la historia se repitiera sin matices. Las olas anteriores automatizaban tarea: escribir, sumar, desplazarse. Ninguna de ellas decidía qué escribir, qué fórmula aplicar o con quién reunirse. El criterio seguía siendo enteramente humano.

La IA generativa empieza a tocar una zona distinta, la del juicio. No solo ejecuta más rápido, también propone, prioriza y en algunos casos decide. Eso es lo que hace que el miedo de esta ola suene distinto al de las anteriores, y sería un error no nombrarlo solo porque no encaja bien con la tesis.

Mi lectura es que eso no invierte la conclusión, la condiciona. La IA como herramienta, no como fin, sigue siendo el criterio correcto. Pero «herramienta» aquí significa algo más exigente que en Excel: significa que el consultor tiene que aportar el juicio que la herramienta todavía no tiene, y ese juicio es precisamente lo que se vuelve más valioso, no menos.

María y su IA.
Criterio y ejecución

No hay que olvidar algo que cualquiera que haya vivido una implantación conoce de sobra: uno de los motivos más frecuentes de fracaso de un proyecto es hacer exactamente lo que el cliente pide, sin cuestionarlo. El consultor que se limita a ejecutar sin fricción, sin preguntar por qué, sin poner encima de la mesa lo que la experiencia dice que no va a funcionar, no está aportando valor, está aportando manos. Una IA condescendiente, que dice que sí a todo y ejecuta literalmente lo que se le pide, reproduce ese mismo patrón de fracaso a velocidad de agente. Si el criterio no lo pone nadie, da igual lo rápido que se ejecute lo que está mal planteado.

¿Quitará trabajo?

Sí y no. Quitará el trabajo que consistía en hacer manualmente lo que ahora se puede delegar. No quitará el trabajo de decidir qué hacer, cómo hacerlo y para quién. Si sabes moverte en ese mundo, te vuelves más valioso. Y un junior bien acompañado puede potenciarse con esto más rápido de lo que se potenciaba antes, siempre que alguien le enseñe a usar la herramienta con criterio y no a delegarle el criterio a la herramienta.

Uno + IA = Más resultados

No creo que sobre gente, creo que, como cada vez que esto ha pasado antes, se van a hacer más cosas, y de formas que ahora los vendehumos de LinkedIn no están proponiendo.

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