Why I Write SAP Content in Spanish

I am a SAP CX Architect based in Spain. I write about SAP Customer Experience, CX architecture, and the human side of consulting. And I do it in Spanish, deliberately, consistently, and without plans to change. Let me explain why.

There is a real gap in Spanish-language SAP content

The SAP ecosystem produces a significant amount of content in English. Documentation, partner blogs, community posts, thought leadership pieces, most of it defaults to English as the working language of the industry.

But Spanish is spoken by over 500 million people. Latin America has a growing and increasingly sophisticated SAP footprint. Companies in Mexico, Colombia, Argentina, Chile and across the region are going through the same platform migrations, the same CX transformation projects, the same architectural decisions that we navigate in Spain. And they are doing it with very little quality reference material in their own language.

That gap is real and it is worth closing.

Spain has serious SAP CX expertise

This might surprise some readers from outside the Spanish market: Spain has an exceptionally strong SAP CX consulting community. At Avvale, where I work, we have one of the largest and most experienced SAP CX teams in the country, people who have been working with these platforms for years, across complex international projects.

The expertise is here. What has been historically missing is the written output, the documented knowledge, the public debate, the community of practice that English-speaking markets take for granted. This blog is, in part, my contribution to changing that.

The language barrier is no longer what it was

A few years ago, writing exclusively in Spanish meant accepting a real ceiling on reach. That calculation has changed.

AI translation has made it straightforward to take ideas written in one language and render them accurately in another. This article itself was written in Spanish and translated into English using AI tools. The reasoning is mine, the argument is mine, and the language was simply a tool, one that technology has made accessible to anyone.

Beyond translation, international positioning no longer depends solely on the language of your content. Events, partnerships, and collaborations build presence across markets. Participating in forums like the SAP CX Partner Forum EMEA, which brings together partners from across Europe and beyond, is how Avvale and I maintain visibility in the broader ecosystem, regardless of what language the blog is published in.

And for any reader who prefers English, most modern browsers and blog platforms have a translation button. Use it freely.

So, should I also publish in English?

That is a question I genuinely keep open. My commitment right now is to the Spanish-speaking SAP community, building a reference, contributing to a conversation that has too few participants, and doing it from Spain with the full backing of Avvale’s expertise behind it.

But I am curious what you think. If you are reading this as a non-Spanish speaker who found value in this content, would you want more articles published in English? Would a bilingual version of this blog be useful to you?

Leave a comment or reach out. I read everything.

No es necesario ir a la guerra para ganar mil batallas

Se levantó sobresaltado, empapado en sudor, y con sensación de falta de aire. Aquel sueño recurrente no le dejaba dormir. En su sueño recordaba los fogonazos de las bombas que traían el día a la noche, la luz de las explosiones que iluminaban, por un segundo, el cielo. Él había estado en muchas batallas, pero aquella guerra había sido distinta, desde entonces, un pitido intenso se había instalado en su tímpano al recibir varias bombas demasiado cerca de su posición, y un disparo en su hombro izquierdo.

El maldito pitido aumentaba en el silencio de la noche de su habitación del hospital. No podía dormir y el dolor, en ocasiones físico, y en ocasiones como consecuencia del cansancio y la ansiedad, no le dejaba descansar, y le tenía postrado en aquel hospital que le recordaba que había fracasado. El doctor le había pautado analgésicos, barbitúricos para dormir y un tratamiento para el pitido de los oídos. Pero, una vez despierto, ya no conseguía conciliar el sueño, el pitido estaba ahí para hacerle compañía, una penosa compañía, para recordarle, una y otra vez, el ruido de las bombas, y para martirizarle con un futuro sembrado de minas y miedo a pisarlas.

Con los días, el dolor físico iba remitiendo, dejando paso a un vacío personal, lleno de reproches y decepción. El problema no era ya lo sucedido, sino lo que tenía que suceder. El camino de baldosas amarillas que había construido se había vuelto un lodazal hediondo y, desde esa posición, no había camino posible. Ni hacia atrás ni hacia delante, solo podía esperar. Los medicamentos recetados no hacían más que recordarle que estaba incapacitado y el maldito pitido solamente desaparecía cuando conseguía olvidarse de todo.

Durante su estancia en el hospital tuvo varios compañeros de habitación. Algunos por temas sin importancia y otros por heridas e intervenciones más importantes. Todos ellos hablaban mucho, quizás más de lo que él quería, quizás menos de lo que él necesitaba, pero esas conversaciones le obligaban a transitar de nuevo por aquellas sucias trincheras, por escuchar el ruido atronador de aquellas bombas que, si bien antes no le afectaban, ahora le habían traído a esa cama. Además hacían que volviese el maldito pitido constante.

Durante la noche volvía rememorar constantemente los motivos que le habían llevado a esa situación. Una batalla en la que sólo había enemigos, incluido él mismo. Se veía en su trinchera, con un cuchillo como única arma, mientras fuera silbaban las balas y atronaban las bombas. A un lado y al otro de la trinchera sus compañeros se contaban con los dedos de una mano, no llegaban a ser ni un pelotón. Además, como armas, portaban palos y piedras, contra tanques y cañones. Recordaba el momento exacto en que escuchó un ruido seco detrás suyo, y un profundo dolor inundó su hombro y la sangre caliente cayendo por su pecho mientras, a la vez, sentía cada vez más frío. A partir de ahí no recordaba nada, sólo masticaba una y otra vez cada momento. Sobresaltado se incorporaba de nuevo sudando. «… El disparo vino de la espalda, alguien de mi pelotón me disparó…». Y se volvía a desmayar.

Pasaron los días y, poco a poco, fue encontrándose mejor. Dejó la medicación, nunca fue amigo de las pastillas y, en ese caso, la analgesia tendría que venir de uno mismo. Pudo hacer un análisis más reflexivo de la situación y acordó consigo mismo que  la responsabilidad en este terremoto no era, en gran parte, suya. No se puede ir a una batalla sin batallón, sin armas contra un enemigo armado y, maldita sea, alguien le disparó desde su trinchera. Él no supo medir los riesgos, no supo salir de esa trinchera cuando nada tenía sentido, no supo mirar hacia atrás pidiendo más armas, más soldados o un alto el fuego ante una derrota clara. Su pelotón era Carne de Cañón, Crónica de una muerte anunciada, y él estaba a la cabeza.

Después de un tiempo parado en el camino, bloqueado, se dijo «¡A la mierda!». Recordó la letra de aquella canción que le removia cada vez que la escuchaba.

Sólo pueden contigo
Si te acabas rindiendo
Si disparan por fuera
Y te matan por dentro

Llegaremos a tiempo – Rosana

Volvió sus pasos por el camino de baldosas amarillas que había construido hasta llegar a aquella cama de hospital. Comprobó que el camino tenía otras salidas y, «¡Qué cojones!», él tenía baldosas, se sentía cada día más fuerte y sabía cómo construir un nuevo camino. Decidió que iba a volver sus pasos, tomar aire y sopesar los caminos que construir. Con calma, sin prisa, y sin entrar en una guerra sin sentido.

Porque no es necesario ir a la guerra para ganar mil batallas.

El Síndrome de Procusto: cómo recortar el talento para hacerlo encajar

En los caminos que llevaban a Atenas vivía Procusto. No era un ladrón vulgar ni un asesino impulsivo. Se presentaba como un anfitrión correcto, casi amable. Invitaba a los viajeros cansados a pasar la noche en su casa, les ofrecía descanso y un lecho donde recuperar fuerzas. Su casa tenía una sola regla.

Una cama de hierro ocupaba el centro de la estancia. No era especialmente bella, pero sí sólida, recta, perfecta. Procusto la miraba con orgullo. Para él, aquella cama representaba el orden.

Cuando el viajero se tumbaba, Procusto medía. Si el cuerpo sobresalía, cortaba lo que sobraba. Si el cuerpo no alcanzaba, estiraba hasta que encajara. La cama nunca se ajustaba al hombre, era el hombre quien debía ajustarse a la cama.

Muchos viajeros murieron allí sin entender qué habían hecho mal, no eran culpables de nada, no habían fallado, simplemente no encajaban.

El mito termina cuando Teseo llega a su casa. Fingiendo aceptar la hospitalidad, espera el momento adecuado. Cuando Procusto intenta someterlo al ritual de la cama, Teseo se libera, invierte la situación y obliga a Procusto a tumbarse en su propia cama de hierro. Por primera vez, Procusto es quien no encaja. La medida que había impuesto a todos se vuelve contra él. Y la cama, fiel a su naturaleza, no se adapta. Procusto muere víctima de la misma norma rígida que había defendido, descubriendo demasiado tarde la violencia de un sistema que no admite excepciones.

El síndrome de Procusto

El mito de Procusto no habla de monstruos ni de épocas lejanas, habla de sistemas, de poder y de miedo a la diferencia, habla de la obsesión por imponer una medida única a realidades diversas.

Hoy llamamos síndrome de Procusto a la tendencia a:

  • rechazar lo que sobresale,
  • castigar lo que no encaja,
  • forzar la realidad para que se adapte a un modelo previo.

No es un trastorno clínico, es una actitud, y es más común de lo que parece.

Procusto en la empresa moderna

Muchas organizaciones siguen teniendo una cama de hierro en el centro de la habitación.

  • Procesos inamovibles.
  • Metodologías convertidas en dogma.
  • Roles definidos hace años que ya no reflejan la realidad.

Cuando alguien aporta algo distinto, no se revisa la cama. Se revisa a la persona.

“Aquí siempre se ha hecho así.”
“No compliques las cosas.”
“Eso no entra en el modelo.”

El talento que sobresale se recorta, el que no llega se estira hasta romperse. No por maldad, sino por miedo, no por eficiencia, sino por control.

Estandarizar no es uniformar

La estandarización bien entendida ordena, la uniformidad impuesta empobrece.

Procusto no buscaba justicia ni equilibrio. Buscaba que nada desbordara su medida. Y muchas veces, detrás de estructuras rígidas, no hay excelencia ni rigor: hay inseguridad.

Un sistema sano se adapta a las personas.
Un sistema enfermo obliga a las personas a adaptarse a él.

Liderazgos procústicos

El liderazgo procústico no grita, no siempre amenaza, a menudo se disfraza de sentido común. Es el líder que:

  • se rodea de perfiles que no le hagan sombra,
  • desconfía de quien piensa distinto,
  • confunde obediencia con alineación.

No destruye el talento de golpe, lo va recortando poco a poco, hasta que todos encajan, y ya nadie destaca.

Procusto, Sísifo e Ícaro

Si Sísifo representa el trabajo sin sentido y Ícaro la ambición sin límite, Procusto encarna algo aún más inquietante:
la mediocridad impuesta desde el poder.

  • Sísifo empuja.
  • Ícaro vuela demasiado alto.
  • Procusto impide que nadie vuele ni avance.

Tres formas distintas de destruir valor.

En Conclusión

El mito de Procusto deja una advertencia incómoda:

No todo lo que se presenta como orden es justo.
No toda igualdad es equitativa.
Y no toda norma merece ser defendida.

A veces, el problema no es que las personas no encajen, el problema es que la cama nunca se movió. Y cuando una organización prefiere conservar la cama antes que cuestionar su medida, el final del mito suele repetirse.

Si…

Si puedes mantener la calma
cuando el entorno entra en pánico
y aun así te señalan a ti como causa del problema.

Si confías en tu criterio
cuando todos dudan,
pero escuchas cuando alguien con experiencia te cuestiona.

Si sabes estimar un proyecto
sin prometer lo que no controlas,
y no respondes con humo
cuando te venden humo.

Si puedes convivir en entorno cambiante
sin perder la visión,
y tratar igual al usuario perdido
que al decisor impaciente.

Si soportas reuniones eternas
y aun así sales con una decisión clara.
Si explicas lo complejo sin parecer arrogante
y lo simple sin parecer ingenuo.

Si no te crees imprescindible
cuando el proyecto va bien,
ni te hundes cuando todo falla
y el sistema antiguo sigue funcionando.

Si puedes convertir incidencias en aprendizaje,
UATs en conversación,
y errores en diseño mejorado.

Si sabes decir «no» cuando toca,
«todavía no» cuando es honesto,
«no lo sé» cuando es verdad,
y «lo siento» cuando te has equivocado.

Si entiendes que la tecnología es el medio
y el valor el objetivo,
que SAP no es el fin
y el negocio no es el enemigo.

Si tras el cierre del proyecto
sigues teniendo curiosidad,
ganas de aprender
y respeto por quien lo mantiene.

Entonces, solo entonces,
no serás solo alguien que implementa SAP

Serás consultor

Basado libremente en el poema “Si…” de Rudyard Kipling.
Adaptado a lo que, con los años, he aprendido sobre la consultoría SAP.

Ser Formador

Hace poco me ha tocado formar a un grupo de nuevos consultores. Bueno, más que una formación ha sido una introducción y primeros pasos. Pero eso me ha dado que pensar lo que siempre he pensado cuando me toca dar formación.

Si no entendéis SAP a la primera. ¡Golpe de Remo! Si no entendéis esta imagen.
¡Oh! Eso sí que es golpe de Remo.

Yo he impartido varios cursos SAP oficiales a consultores y clientes, otros tantos fuera del circuito ‘oficial’ y mucha formación informal. Sobre esto de formar a gente hay varios puntos de vista pero, en mi opinión, veo varias consecuencias y consideraciones a tener en cuenta cuando damos formación a otra gente.


Yo aprendo más que los alumnos

El que no ha dado una formación ‘seria’ a gente no sabe lo que significa, estás tu solo ante el peligro, teniendo en frente a consultores como tú interesados en adquirir conocimiento, con un temario de cientos de páginas (las de SAP en ingles), con un sistema que a veces va lento o requiere de una infraestructura de conectarte a un escritorio remoto y hacer el pino puente.

Y de ahí tienes solo un camino, hacia delante, no vale esconderse. Tienes que apoyarte en lo que sabes, estudiar lo que conoces pero no eres experto y sortear lo que te suene a chino mandarín. El tiempo del curso es un tiempo de estrés continuo, 24h tenso y alerta, intentas cerrar todas las fallas de conocimiento que tienes, porque no hay nadie que lo sepa todo. Los consultores te van a preguntar «no se qué» de su proyecto que les pasa raro, para que tu les puedas guiar. Y claro, llegas a casa a estudiar e investigar eso que te han preguntado y además a preparar las posibles lagunas que tengas de la sesión del día siguiente.

Tal es el tsunami de responsabilidad y de demostrar que eres un referente que terminas el curso sabiendo mucho más que antes del tema en cuestión, y encajando piezas en tu cabeza que antes no encajaban.


Ellos me recordarán, yo a ellos, no

Ser formador, como herramienta de networking, es como plantar una semilla en cada uno de los alumnos. Ellos, posiblemente, se acordarán de aquel tipo que les dio un curso y se portó bien con ellos siendo cercano y estando disponible a dudas. ¿Quién sabe si tus caminos se terminarán cruzando un día? Quizás uno de ellos termina siendo socio de esa consultora que te quiere contratar, o CIO en el cliente de un proyecto.

Tú, olvídate, no vas a recordarlos, salvo que hayas seguido manteniendo algún tipo de contacto con ellos (que también sucede). Pero la semilla ya está plantada, serás un referente para ellos siempre, aunque te adelanten (que muchos lo harán) en el conocimiento.


Desbloquea competencias

Dar un curso no va solo de ser experto en la materia, no. Ser formador aplica a más áreas de tu perfil personal y profesional. Te lleva fuera de la zona de confort en varias de tus competencias, desbloqueando algunas de ellas y mejorando otras. Por poner un ejemplo ayuda con las compentencias:

  • Hablar en público
  • Hacer presentaciones guiando a la audiencia a lo que te interesa
  • Ser asertivo
  • Saber adaptarse a la situación, dudas, preguntas
  • Relaciones públicas, saber ‘llevarte’ a la gente, ‘engancharla’. Tanto durante el curso como en las pausas del café, o inicio/fin
  • Ser responsable, estar 5 días por ejemplo estudiando y dando el curso porque algo no te cuadra y te debes a la responsabilidad de explicarlo bien.

Seguro que hay más competencias que te desbloquea, pero a rasgos generales estas son las que yo identifico en mi experiencia.


Formar a gente no te quitará el trabajo

Hay expertos celosos de ceder su conocimiento a otros. Como si al ayudar a que otros adquieran conocimiento hiciese que a ellos les faltase el trabajo de experto. Eso, bajo mi punto de vista, es incorrecto. Cierto es que cuando trabajas en un nicho donde la demanda es superior a la oferta, si aumentas los perfiles formados, aumentas la oferta, y la balanza se equilibra.

Pero hay cosas que no se pueden ‘traspasar’ y que son las más valiosas. Aspectos como la actitud ante el trabajo, la responsabilidad, la capacidad de aprender y valerte por tí mismo, la seguridad, la empatía, la velocidad de razonamiento, la adaptabilidad, la capacidad de hablar en público, etc. Son aspectos personales que no todo el mundo tiene y que no se pueden ‘enseñar’ en un curso sobre SAP (por ejemplo). Para ello hay que formarse en esas competencias concretas, pero para formarse la persona debe conocer que tiene carencias, y eso no es fácil.

Además, al formar a gente te conviertes en un referente en el campo, tanto para esas personas, como a nivel Curriculum.

En conclusión

En definitiva, formar a gente no es algo fácil pero tampoco es imposible, lo vas a pasar mal pero vas a aprender mucho y vas a mejorar tus capacidades y tu valor. Un ejemplo de esto es este mismo blog. Estoy cediendo mi conocimiento, dándolo accesible para todo el mundo, gratis. Pero esto trae aspectos positivos que para mi son valiosos, aprendo mucho, incluso algunos artículos los propongo sobre temas que, a priori, tengo lagunas y me obligo a estudiarlos. Además es un escaparate de imagen personal/profesional y, por último, que me gusta escribir, no sé si se nota.

Si alguien necesita un formador de SAP CRM o ABAP que busque en LinkedIn a uno bueno que me contacte y vemos qué podemos hacer. Pero ten en cuenta que:

  • Necesitaré un sistema SAP al que acceder. Que a veces me piden cursos sin sistema.
  • Necesitaré un manual para dar el curso. Si no hay manual de formación, necesitaré un tiempo para crearlo, incluso más tiempo que el curso en sí. Tiempo que se cobra claro.
  • Yo no lo sé todo
  • El curso no puede ser ‘Necesitamos un curso para abordar este proyecto’. Para eso se me contrata de consultor y realizo el análisis del proyecto y aporto soluciones.