Eres el CIO de una empresa. En tu empresa habéis decidido hacer una transformación digital y dejar de una vez el ábaco y el Excel para llevar ventas, almacén, finanzas y costes y queréis implementar SAP como ERP de la empresa. Habéis lanzado la RFI (Request for Information) para pedir información, os han respondido tres consultoras medianas, tienen buena pinta, hacen hincapié en su experiencia, conocimiento y capital humano para afrontar un proyecto de implantación de SAP S4/HANA. Ninguna de las ¿grandes? ha contestado a la RFI.
Una de las consultoras (JOB Consulting), la que ha mostrado más interés y se ha preocupado por tus procesos, se presta a ayudarte a elaborar la RFP (Request for Proposal). Una vez consensuada con Negocio, TI y Dirección lanzas la RFP a las tres consultoras que te contestaron a la RFI y, aunque no se haya preocupado anteriormente, a una de las ¿grandes? (Deloitte, Accenture, NTT Data, IBM, Indra. Elige tu propia aventura).
Las cuatro consultoras contestan a la RFP con su propuesta de solución, implementación y costes. La consultora que te ayudó a elaborar la RFP es la que mejor propuesta de valor ofrece. Hace referencia a procesos de tu negocio y da soluciones dentro de la herramienta elegida. Tiene casos de éxito, referencias, perfiles especializados, capital humano suficiente, solvencia en el mercado y un precio de implantación medio. Hay otras respuestas a la RFP más genéricas y más caras, más automáticas, sin tanto detalle por tu negocio. Tu invitado ¿grande? a la RFP mandó la respuesta fuera de plazo (bueeeno se lo admitimos), con carencias funcionales y bastante genérica, a nivel de músculo (financiero y capital humano) son, obviamente, el increíble Hulk. La oferta que ofrecen no cubre toda la funcionalidad de una vez, se presentan distintas fases de proyecto, solo dando precio a la primera, el producto mínimo viable (MVP). Obviamente el precio es muy bajo.

No hay forma de comparar la respuesta de la consultora JOB Consulting y la ¿grande?. Tu yo interior, experto en tecnología y machacado en mil batallas lo tiene claro, la consultora JOB es la que más valor aporta y menos riesgo tiene a nivel tecnológico. Pero tú vas al consejo de administración, con el CEO y los distintos directores de área. Ellos expresan que no conocen a JOB, que sí conocen a la ¿grande?, pero que tu eres el CIO y delegan en ti la responsabilidad.
Pero esa reunión y ese dedo que te señala va calando en ti. ¿Y si sale mal? ¿Y si elijo a la consultora desconocida por el consejo y no va bien? Eres cobarde y te quieres aferrar al puesto porque vives en La Jaula de Oro. ¿A quien iban a despedir si va mal con la ¿grande?? ¿Quién se iba a imaginar que la ¿grande? pudiese fallar? El precio inicial es mucho más bajo pero, claro, solo incluye una parte, además no han participado muy activamente en la RFP.
Al final tu empresa decide (tú decides) contratar a la ¿grande? para hacer la implantación. El primer día aparece allí el socio, con el director y el manager, y te dejan una horda de 12 consultores de 25 años recien graduados, con uno que parece que más o menos sabe. Sabes que vas a sufrir, que los key uses del negocio van a sufrir, que tus usuarios van a sufrir, que el negocio va a sufrir, pero tu tomaste la decisión más coherente.
Tú observas la escena y te das cuenta de que has optado por lo que parecía la opción segura, la que el consejo reconocía, la que nadie cuestionaría en caso de fracaso. Sin embargo, una duda persiste en tu mente: ¿He elegido la mejor opción para el proyecto o solo la opción que me protege a mí?. Este es el dilema que enfrenta cualquier líder en tecnología cuando la reputación pesa más que el valor real.
Al final del proyecto, cuando todo esté en llamas, nadie te despedirá por contratar a la ¿grande?
… pero tampoco te felicitarían si hubieras tomado la decisión más valiente.

Un comentario sobre “A nadie le despiden por contratar IBM”